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Oportunitats perdudes

Oportunidades perdidas

Andrew Jefford, reconocido escritor y columnista semanal en la revista enológica Decanter

Extraído y traducido de su artículo: Wasted Opportunities

Andrew Jefford

Ha llevado cierto tiempo, pero creo que casi todas las empresas de vino del mundo ahora se dan cuenta de que la página web es el principal medio que habla al mundo.

Esto no quiere decir que todo gran creador de vinos tenga una. Estoy seguro de que la web de Zinder-Humbrecht será magnífica cuando aparezca, y me doy cuenta (con respecto cariñoso) que nunca puede haber una web de Wendouree. Estas bodegas, sin embargo, son excepciones que confirman la regla: estar o no estar en ninguna parte.

¿Para quienes son las webs de las bodegas?

Para aquellos que quieran saber más, obviamente – ¡y a menudo por aquellos que quieren saber mucho más! Teniendo en cuenta que la base del terroir es que ningún productor de vino de verdad, en cualquier lugar del mundo, no tiene nada que ocultar, ¿por qué hay tantas webs tan abismalmente poco informativas? ¿Y por qué las webs de las empresas con más recursos a menudo son las peores?

Kevin Roberts, de Saatchi & Saatchi, dijo a la audiencia presente en su retorcido discurso de apertura en la Conferencia Pinot Noir 2010 de Nueva Zelanda, que los productores de vino tenían que hacer la página web lo más parecido posible a un cortometraje. Fue un mal consejo, y le imploro a aquel que esté a punto de invertir dinero en un sitio web que lo ignore.

He estado analizando Champagne recientemente, incluyendo Salon y Krug. Las dos empresas hacen un champán excelente y vertiginosamente caro; ambas bodegas tienen historias fascinantes que contar; ambas cuentan con personal excepcionalmente competente y formado en el mundo del vino, y su trabajo debería ser explicado con complejidad cariñosa y apasionada en sus páginas web. En cambio, los dos sitios web en cuestión no dicen casi nada, y lo que dicen lo hacen con una pretensión tediosa.

Si usted acaba de gastarse 150 € en una botella de Salon, es probablemente inteligente y rico, y no quiere sentarse delante de su ordenador mirando una sucesión de cuadros bonitos mientras suena un cuco de fondo. Usted (en el breve periodo de tiempo que tiene disponible) querrá saber cuál es la singular historia detrás de este vino, entender por qué tiene el gusto que tiene, y aprender acerca de quién lo ha hecho y cómo.

Si usted acaba de gastarse € 700 en una botella de Clos du Mesnil y ha hecho el esfuerzo de mirar la página web, es posible que quiera conocer la historia y la geología de la vid, es probable que quiera entender por qué la fermentación en madera hace este vino diferente del resto, y puede estar intrigado por saber por qué una empresa que siempre ha afirmado que “la mezcla lo era todo” ahora produce no uno sino dos champanes puros. En cambio, en su sitio web no encontrará nada de eso. Y ya ni menciono las notas de cata…

La belleza del sitio web ideal es la que permite el libre acceso a enormes cantidades de datos. Uno no tiene porque sentirse abrumado si el lugar está bien diseñado, ya que el usuario siempre tendrá la opción de entrar en el apartado donde encontrar la información que desee leer.

Los aventureros y exploradores no perderán el tiempo delante de los ordenadores; estarán viajando o viviendo a su aire, en el exterior. Las webs de bodegas son para aquellos que quieren saber más. ¿Por qué frustrarlos?

Decanter

Lee el original en http://www.decanter.com/news/blogs/expert/522337/jefford-on-monday-wasted-opportunities#HXdQu55k4gwJw7VD.99.

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